El proceso de divorcio puede desencadenar dinámicas psicológicas complejas, entre las que destaca el splitting, un mecanismo de defensa que lleva a una visión polarizada de la realidad. Esta tendencia a categorizar personas y situaciones en términos absolutamente buenos o malos complica significativamente la gestión emocional y legal de la separación. Comprender cómo funciona este fenómeno y desarrollar estrategias para manejarlo resulta crucial para navegar el divorcio de manera más equilibrada y menos lesiva para todos los involucrados, especialmente cuando hay hijos de por medio.
¿Qué es el splitting en psicología?
El término splitting proviene originalmente del psicoanálisis y describe un mecanismo de defensa primitivo donde la persona divide inconscientemente sus experiencias, emociones y representaciones de los demás en categorías diametralmente opuestas: completamente buenas o completamente malas, sin término medio. Esta incapacidad para integrar aspectos positivos y negativos en una visión más matizada de la realidad surge típicamente en contextos de alta carga emocional, estrés intenso o trauma, condiciones que frecuentemente caracterizan los procesos de divorcio.
¿Por qué nuestro cerebro recurre a esta simplificación extrema? En esencia, representa un intento de reducir la ansiedad y la ambivalencia emocional que genera enfrentarse a situaciones complejas y dolorosas. Al crear una narrativa donde uno es la víctima completamente buena y el otro el perpetrador completamente malo (o viceversa), se elimina temporalmente la confusión y el dolor de reconocer matices, responsabilidades compartidas o aspectos positivos en quien ahora se percibe como adversario.
Cómo se manifiesta el splitting durante el divorcio

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Durante el divorcio, el splitting se manifiesta de múltiples formas que permean tanto el mundo interno de cada persona como las interacciones con la expareja y el entorno. Es común observar cómo recuerdos que antes eran neutros o positivos se reinterpretan bajo una luz exclusivamente negativa, borrando cualquier aspecto favorable de la relación pasada. Las discusiones sobre aspectos prácticos como la custodia, la división de bienes o las pensiones se cargan de una intensidad emocional desproporcionada, donde cada punto de desacuerdo se convierte en una batalla existential entre el bien y el mal.
Ejemplos concretos en procesos de separación
Un ejemplo claro aparece en las negociaciones sobre la crianza: lo que antes eran diferencias normales en estilos parentales ahora se conceptualizan como «su mala influencia» versus «mi parenting correcto». Decisiones logísticas simples, como el horario de recogida de los niños, se convierten en campo de batalla donde ceder parece equivalente a traicionarse a uno mismo. Incluso amigos y familiares son arrastrados a esta dinámica polarizada, sintiendo presión para tomar partido en una guerra donde no hay espacio para la neutralidad.
El impacto en los hijos y la dinámica familiar
Los niños atrapados en esta dinámica enfrentan un desafío emocional particularmente difícil. El splitting parental les fuerza inconscientemente a dividir su propio mundo interno, sintiendo que deben elegir lealtades y reprimir aspectos de su amor hacia uno de sus progenitores para no traicionar al otro. Investigaciones sobre desarrollo infantil muestran que esta presión puede generar ansiedad, confusión y dificultades en la formación de su identidad y sus futuras relaciones.
Estrategias psicológicas para gestionar la polarización
Gestionar el splitting durante el divorcio requiere un trabajo consciente y deliberado que combina autoconocimiento, herramientas de comunicación y, en muchos casos, apoyo profesional. No se trata de negar el dolor o el enojo legítimos, sino de evitar que estas emociones secuestren la capacidad de tomar decisiones equilibradas y mantener una perspectiva más integrada de la situación.
Desarrollar autoconocimiento emocional
El primer paso implica reconocer las propias tendencias hacia el pensamiento polarizado. ¿Te descubres constantemente usando lenguaje absoluto como «nunca», «siempre», «todo» o «nada» al referirte a tu expareja? ¿Revisas mentalmente los años de relación buscando exclusivamente evidencias que confirmen tu narrativa actual? Estas señales indican la presencia de splitting. Practicar la identificación de matices, aunque sea en aspectos menores, ayuda a flexibilizar este patrón cognitivo rígido.
Establecer patrones de comunicación constructiva
La comunicación durante el divorcio necesita reestructurarse deliberadamente para minimizar la escalada de conflictos. Esto incluye técnicas como utilizar declaraciones en primera persona («me siento» en lugar de «tú siempre»), centrarse en problemas específicos en lugar de caracterologías globales («necesitamos resolver el horario del fin de semana» versus «eres un irresponsable») y establecer límites claros sobre los temas de discusión. Algunas parejas encuentran útil adoptar formatos más estructurados para sus interacciones, como comunicarse principalmente por escrito para temas importantes o utilizar mediadores para conversaciones difíciles.
Buscar apoyo profesional especializado
La terapia individual ofrece un espacio seguro para procesar emociones intensas sin alimentar la polarización en las interacciones con la expareja. Un psicólogo puede ayudar a identificar triggers específicos, desarrollar estrategias de regulación emocional y trabajar en la integración de aspectos contradictorios de la experiencia. Para aquellos casos donde la comunicación está particularmente deteriorada, la mediación familiar proporciona un marco neutral y guiado para negociar los términos de la separación, evitando que las dinámicas de splitting dominen el proceso legal.
Herramientas prácticas para el día a día
Más allá de las estrategias generales, existen técnicas concretas que pueden aplicarse en la cotidianidad del proceso de divorcio. Mantener un diario donde se registren no solo las frustraciones sino también momentos de cooperación o aspectos positivos del otro como co-parent ayuda a contrarrestar la amnesia selectiva que impone el splitting. Crear listas de decisiones que deben tomarse conjuntamente, separadas claramente de aquellas que corresponden individualmente a cada parte, reduce los puntos de fricción innecesarios.
Establecer rituales de transición entre los diferentes espacios y roles también resulta útil: cinco minutos de meditación o una caminata breve después de una interacción difícil con la expareja antes de reencontrarse con los hijos puede ayudar a prevenir la contaminación emocional entre diferentes ámbitos de la vida. ¿Cómo evitar que un desacuerdo sobre aspectos financieros afecte la calidad del tiempo con los niños? Estas transiciones deliberadas son clave.
Camino hacia la superación de la polarización
Superar el splitting durante el divorcio no significa reconciliarse ni negar el dolor de la separación. Se trata más bien de alcanzar una posición donde se pueda reconocer la complejidad de la relación que termina, integrando tanto aspectos positivos como negativos en una narrativa más coherente y menos dicotómica. Este proceso permite tomar decisiones más racionales durante el divorcio, establecer bases más saludables para la co-parentalidad futura y, fundamentalmente, facilitar la elaboración del duelo y la eventual reconstrucción personal.
El camino es gradual y no exento de retrocesos, especialmente en momentos de mayor estrés o conflicto. La paciencia consigo mismo y con el proceso resulta esencial. Aquellos que logran navegar esta transición sin quedar atrapados en la polarización extrema no solo resuelven su divorcio de manera más efectiva, sino que salen de él emocionalmente más integrados y mejor preparados para futuras relaciones saludables.

