El artículo explora la compleja relación entre experiencias traumáticas y la participación en movimientos feministas, analizando cómo el dolor personal puede transformarse en fuerza colectiva de cambio. Examina tanto los procesos de empoderamiento como los riesgos de revictimización, destacando la evolución de estrategias de cuidado comunitario dentro del activismo. Finalmente, proyecta cómo la integración consciente del trauma podría moldear el futuro de la lucha feminista hacia modelos más sostenibles y reparadores.